La caja pesa lo mismo de siempre, pero esta mañana a Laura le cuesta más levantarla del suelo.
Los dedos reconocen la madera antes que los ojos: la esquina despostillada, el cierre de latón que nunca cerró del todo bien. La sube hasta la mesa del despacho. Afuera, Chamberí empieza el día sin prisa. Un camión de reparto frena en la esquina. Dos palomas se pelean por una miga en el alféizar. El vecino de abajo cierra su puerta con el mismo golpe seco de siempre.
Abre la tapa. No necesita contar l