El teléfono vibra contra la mesilla como un insecto atrapado. Tres de la madrugada. La pantalla ilumina el techo con un parpadeo azulado y el nombre de Lucas parpadea debajo.
Laura descuelga antes del segundo tono.
—Baja. Ahora.
No hay saludo. No hay disculpa por la hora. La voz de su hijo suena plana, controlada, y eso es lo que la asusta. Lucas nunca llama a las tres. Lucas no pide nada sin motivo.
—¿Qué pasa?
—Baja, mamá. Por favor.
Laura aparta las sábanas. Álvaro se remueve a su lado, murm