La librería está llena una hora antes de lo previsto. La cola sale por la puerta y dobla la esquina, algo que ni el propio editor esperaba para un libro de ficción de una autora conocida por sus memorias.
Laura firma ejemplares desde hace dos horas, con Álvaro sentado en una silla cerca de la mesa, entreteniéndose en observar las dedicatorias que Laura escribe para cada persona, distintas todas, ninguna repetida.
—Tienes una paciencia infinita para esto —le dice una lectora, dejando el libro so