El teléfono no sonó en dos días.
No un mensaje. No una foto. No un audio de diez segundos diciendo que había llegado bien. Nada. El silencio específico del teléfono cuando Santi lo tiene en el bolsillo y está trabajando y el mundo exterior le parece, en esos momentos, una interrupción que puede esperar.
Laura lo sabía.
Lo había sabido siempre. Era Santi: el que no llamaba cuando estaba bien, el que llamaba cuando había algo que decir que no podía esperar. El silencio era buena señal. Era la señ