Capítulo 165 —Una guerra ajena
Narrador:
Roman estaba en su despacho, solo, con la penumbra envolviendo cada rincón. La mesa tenía papeles abiertos, pero él no los miraba. El teléfono vibró sobre la madera. Contestó sin presentaciones.
—¿Ya? —su voz sonó fue grave y sin titubeo.
—Sí —dijo Eros desde el otro lado —Está muerto.
No hubo sorpresa. Roman ya había ordenado esa muerte cuando Eros lo llamó en medio del interrogatorio. “Cuando lo diga todo, lo matas”. Esa fue la sentencia, y sabía que su