Siguió una semana de tortuosa normalidad. Lawrence se desenvolvía entre salas de juntas y almuerzos de negocios; el collar oculto era un secreto constante contra su piel. Se sentía más perspicaz, más presente, pero una parte de su mente habitaba siempre en aquel espacio del almacén carmesí y negro, en su voz, en sus órdenes.
Seraphina le enviaba mensajes breves y encriptados con instrucciones: Duerme ocho horas. No bebas alcohol esta noche. Escribe en tu diario tres cosas sobre las que hayas ce