Peter
—¿Entoces... dices que no puedes? —dice Ross mientras me regala una mirada de mala muerte.
No le tengo miedo al diablo, así que niego.
—Ya te dije que no voy a hablar con ella —digo mientras apunto por el gran ventanal la tienda de computadoras.
Ross intenta ponerme ojitos de cachorro.
—¡Anda! ¿Qué te cuesta? —se queja mientras me quita el café en un intento de berrinche—: Solo tienes que echarle un poco de café a tú compu y verás como se hace la magia.
Nada más escucharlo decir tal estup