Mina.
Debo ganar, es un hecho.
Las manos me tiemblan y siento el corazón a mil: como si de un momento a otro solo quisiera que la tierra me tragara.
Me siento muy... insegura.
Ahora que todos me ven: siento una presión que a duras penas me deja respirar.
Con rapidez —y ansiedad de por medio—, me paso las manos por el pelo en un desesperado intento de tranquilizar mis nervios.
Tenía la esperanza de que las personas no asistieran al considerar el juego como algo aburrido y poco creativo. Pero e