Leah
En cuanto salí de la habitación al pasillo, el aroma de la masa de los Waffles dorándose, me llegó de forma provocativas, invitándome a darme prisa. Y en cuanto estuve a unos metros de donde provenían sus voces, sentí una ligera opresión en el pecho que podía decir que era algo así como ilusión.
Frederick me había dejado una pequeña nota sobre la almohada que decía:
«Te esperamos para el desayuno de la victoria, trae tu tiara de diamantes, hoy cocino para ustedes».
Realmente no podía