Las manos de Gala nunca dejaron de acariciar el cabello de Alana, al igual que las manos de Benjamín, jamás soltaron la de la loba, ni siquiera luego de que esta terminó de contarles cada cosa que sus Alphas le habían hecho, como la habían tratado los integrantes de la manada e inclusive el desprecio de sus padres, el silencio los envolvía, más que como un silencio fúnebre, era un silencio de reflexión, Gala no estaba empleando lo aprendido en sus clases de psicología o psiquiatría, y Benjamín