La noche invernal envolvía el bosque en su abrazo gélido, y la nieve crujía bajo las patas de los dos lobos que corrían con libertad por el suelo helado, Alana, en su forma de loba de pelaje cobrizo y ojos brillantes como estrellas fugaces, era un destello de vida en la oscuridad, su figura destacando entre los árboles como una llama danzante, mientras que Otto, rompía con la blancura de la nieve, antes su pelaje negro e iluminaba la noche con sus ojos amarillos que parecían lunas profundas y