Otto irrumpió en la cabaña abandonada, la madera rechinó bajo su peso con un sonido que parecía un grito lastimero en medio de la noche oscura, su corazón latía frenético, no solo por el esfuerzo de la carrera, sino también por el miedo que le atenazaba al mirar a Alana desfallecida en sus brazos, con sus labios tan azules que casi eran negros, y sin perder tiempo la depositó en la cama con suma delicadeza, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera romperla, sus ojos azules, recor