Las manos de Osiel recorrieron con una caricia mínima la piel expuesta de las piernas de Alana, provocando que su corazón se acelerara, a la vez que el Alpha dejaba salir adrede sus feromonas, relajándola, seduciendo a la pelirroja, a quien los parpados le pesaron, y sus manos se posaron en el pecho desnudo de su Alpha, a diferencia de aquella noche, ahora Alana lo estaba tocando, caricias torpes, que al Alpha le encantaban.
— No importa lo que necesites pequeña, solo dímelo y lo hare, lo que s