Capítulo 8. Salida obligada
Lionel apenas había dormido. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Viola lleno de lágrimas, sentía sus labios desesperados contra los suyos y el roce de su mano sobre su verga. Se levantó antes del amanecer, se duchó con agua fría y bajó a su despacho para intentar trabajar un rato.
A la hora del desayuno, Rachel ya estaba en el comedor, con mejor semblante que la noche anterior. Viola apareció poco después, vestida con un sencillo suéter holgado y pantalones cortos. Tenía ojeras, per