El aire fresco del verano se filtraba por las ventanas abiertas del coche mientras Seven y Miranda se dirigían a los Hamptons. La costa, con su mar azul y las casas lujosas que se alzaban sobre las colinas, parecía una postal sacada de un sueño. Sin embargo, dentro del coche, la atmósfera seguía siendo tensa. Seven conducía con su mirada fija en el camino, su rostro impasible. Miranda, por otro lado, observaba el paisaje pasar, preguntándose si alguna vez lograría derribar las paredes invisible