Kyle se sentía afiebrado... pensó que nunca debió bajarse del auto, ahora estaba empapado hasta los huesos, sin nada en kilómetros a la redonda, y muy lejos —demasiado lejos— del maldito deportivo que lo había traicionado. Estornudó con fuerza, un estornudo que le sacudió todo el cuerpo, y soltó un insulto entre dientes sin poder evitarlo. ¿Qué más podía pasarle? ¿Encontrarse con un asesino serial acaso? A veces Kyle no sabía por qué demonios su mente volaba hacia esos pensamientos tan oscuros