La oficina de Adriana estaba iluminada por la suave luz del atardecer. La tranquila melodía de una música de fondo creaba un ambiente relajado mientras Adriana esperaba a la siguiente candidata para el puesto de niñera. La puerta se abrió y entró Solana, una joven rubia de 20 y tantos años, con una mirada segura y una sonrisa encantadora. Adriana se sorprendió momentáneamente por la belleza de esta, pero rápidamente se recordó a sí misma que estaban ahí para hablar de trabajo. — ¡Hola, Solana!