La oficina de Adriana estaba iluminada por la suave luz del atardecer. La tranquila melodía de una música de fondo creaba un ambiente relajado mientras Adriana esperaba a la siguiente candidata para el puesto de niñera. La puerta se abrió y entró Solana, una joven rubia de 20 y tantos años, con una mirada segura y una sonrisa encantadora. Adriana se sorprendió momentáneamente por la belleza de esta, pero rápidamente se recordó a sí misma que estaban ahí para hablar de trabajo. — ¡Hola, Solana! Gracias por venir. Por favor, toma asiento. La muchacha rubia se acomodó en la silla frente a ella, cruzando ligeramente las piernas y mostrando una actitud confiada. — Gracias por darme la oportunidad de presentarme señora. — Por favor, dime Adriana... La joven la miró y se sonrojó de forma adorable pero prosiguió. — Bueno... Adriana... Honestamente he oído cosas maravillosas sobre tu familia y estoy emocionada por esta posibilidad — murmuró con entusiasmo. — Me alegra escuchar eso, Solana. Bus