Los últimos días habían sido una montaña rusa de emociones para la muchacha. Él, la ausencia de su Blanca a la que extrañaba con todo su alma y ese nuevo sentimiento que, como un capullo madurado por el verano estaba aflorando. Y tenía nombre y apellido, se llamaba Greg y era un hombre esquivo y misterioso que la tenía cautiva pero no lo suficiente ese último tiempo como para sentirse presa. Qué parecía desearla pero se contenía. Que a veces, ella lo notaba, con la excusa de traerle la comida s