Las horas pasaban lentamente en la sala de espera, pero Seven no podía despegarse de la habitación donde Miranda yacía, frágil y vulnerable, luchando por mantenerse estable. Los médicos habían dicho que no podían prever qué sucedería en las próximas horas, y eso lo mantenía tenso, completamente sumido en la angustia. ¿Y si algo le sucedía? ¿Y sí perdía al bebé? Los pensamientos se arremolinaban en su mente mientras la angustia de su pecho crecía. Miranda, a pesar del dolor evidente, había trata