Siguió en cautiverio. Aunque sin grilletes. Al igual que el último tiempo de ella con él, empezó a compartir otras cosas, le llevaba comida, veían alguna película. Y cogían, mucho y duro. Pero Adriana de alguna manera era feliz. Cerca de su fecha de parto, su apetito sexual no había disminuido. Él tampoco parecía haber dejado de desearla aunque estaba enorme. Bueno en realidad era solo su panza lo que estaba grande. A veces ella se apoyaba sobre él, y él agarraba con sus manos su panza y se la