Ahora mismo, no logro identificar si los fuegos artificiales retumban en el cielo o en mi estómago. De lo único que estoy consciente es de que esto me gusta demasiado.
Mis manos toman su nuca con impaciencia porque necesito más de él, de su boca con sabor a helado, de su lengua al acariciar la mía, de su aliento. Necesito que nuestros latidos se unan, que nuestra respiración se mezcle y me enloquezca aún más.
Todos los sonidos a nuestro alrededor son opacados por la música de nuestros labios a