Estaba desesperado, más que eso, a los límites de rozar la locura, presentía que perdía la batalla con relación a Angélica, permanecía atado, solo con ese sentimiento que le quemaba las entrañas. Ella no lo miraba como antes solía hacerlo, con dulzura y embeleso. Incluso lo llamo Andrake a secas en sus últimas conversaciones. También el respeto era cosa del pasado.
Por esa y otras razones había decidido llevarla al calabozo del harén, era lo bastante seguro para que no pudiera escapar y contaba