Después de adentrarse nuevamente en el bosque, no inicio su caza regular, solo volvió a la cueva, para guardar el bulto. Ese día su único alimento habían sido las manzanas. Le cayó la noche, oliendo algunas pantaletas que encontró en el bulto de Angélica. Sin duda todo era de ella. Su esencia estába impregnada en el ajuar.
Con la llegada de la luna llena, ante sala del día cumbre donde está se uniría al sol en un baile sangriento. Bajo para cazar. Tal cual el demonio errante que se había conve