Había perdido la noción del tiempo, ese calabozo parecía que pronto se convertiría en un matadero. Esa mañana al despertar, sentía un inusual sabor a metal en la lengua. Más le floretaeba el fétido olor a sangre en descomposición. Fue repugnante. Camino de un lado a otro. Con suerte ese día no vería Andrake.
Después del episodio pasional que tubo con la loba, en el cual, la dejo moribunda, no había regresado. Solo Betsy había ido a llevarle comida, no sintió maldad en la loba. Solo existía muc