La sorpresa no es de quien la da.
«Odio trabajar en estos tipos de lugares, ¿Cómo demonio dejé que esta chiquilla me convenciera?», protestaba Sacha a medida que recordaba cómo le había pedido a Zulema qué le permitiera trabajar en la heladería.
Caminaba con pesadez observando la bolsa de playa llena de dibujitos que Zoe la hizo utilizar y se sentía tan tonta, e infantil. Sus gustos son distintos, pero claro, como lo sabría Zoe, si no es el tipo de chicas con las que le gusta compartir, y por esa razón ella sentía que estaba