Alfonso miró la hora. Era temprano, pero no tenía tiempo que perder. Su sobrina aún dormía, y no quiso molestarla.
Desayunó algo sencillo y salió de la casa sin hacer ruido. Subió a su auto y se dirigió al cementerio.
El lugar era realmente bello, rodeado de árboles coloridos y flores. Caminó tranquilo y pensativo hasta la tumba de Eloísa. Sabía muy bien dónde estaba, así que fue directamente hacia ella.
—Hola mi bella Eloísa... ¿Me extrañás tanto como yo a ti? —dijo, acariciando su foto—. Pero