Capítulo 52 Me quiere, No me quiere...
Agotado, pero con un panorama más claro, Federico sabía lo que tenía que hacer: debía encontrar a Elizabeth y, por una vez en su vida, decir lo que sentía sin rodeos.
Estaba seguro de que Alfonso la había ayudado a irse. ¿Quién más si no?
Marcó el número de Lucía. Al ver el nombre en la pantalla, ella puso los ojos en blanco.
—¡Otro más! —refunfuñó—. Diablos, Liz... si tengo que seguir soportando a tus enamorados, ¡voy a tener que empezar a cobrarte por atenderlos! —rio, contestando con ironía—.