Elizabeth abrió los ojos lentamente. Todo su cuerpo le dolía. Un punzante ardor en la pierna la hizo estremecer apenas intentó moverse. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la vista. El lugar donde estaba no le resultaba familiar. Las paredes eran de madera rústica, el aire olía a tierra mojada y a hierbas, y una tenue luz entraba por una pequeña ventana.
De pronto, una figura apareció frente a ella. Un joven de rostro sereno y sonrisa amable se inclinó hacia su lecho.
—¡Por fin has desper