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Las risas de una pequeña figura llena la habitación de Sebastián mientras corre de un lado a otro, con mi gemelo persiguiendolo.

—¿Por qué se están divirtiendo sin mí traidores?—llamo su atención.

—¡Liz llegaste!–exclama mi pequeño Ángel y me abraza. Sonrió.

—Sabes que siempre vuelvo.... jamás nos dejaría por nada— sonrió.

—Venga liza, vamos a jugar— ruedo los ojos—¿Que? Estoy aburrido.

Sebastián es como un niño pequeño cuando se trata de este pequeño que se abraza a mi pierna.

—Seba
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