Diana estaba más callada de lo habitual. Mientras Neta-lee hablaba animadamente de cualquier cosa que se le viniera a la mente, intentaba evitar a toda costa el tema que sabía que su hermana terminaría tocando. No quería hablar de ello, menos cuando luchaba por ocultar la preocupación y el zumbido constante en su pecho que le imploraba correr a ver a Noah.
Se dedicó a llenar las pequeñas bolsas de dulces para los niños y niñas invitados a la fiesta, rodeada del agradable aroma a vainilla, mientr