La miré con recelo pero me pareció ver por un segundo arrepentimiento en sus ojos, en sus manos traía una charola con comida, entró a la habitación y la dejó sobre la cama.
- No quiero nada que venga de ti, puedes llevártelo -hablé tratando de tranquilizarme.
- No has comido nada, en tu estado eso hace mucho daño, no le he puesto nada, lo juro- nunca había cruzado más de dos palabras con ella pero al parecer su voz sonaba arrepentida, ahora.
- ¿Por que me odias tanto?- hablé confundida, si bien