El camino ha Venecia paso rápidamente y cuando me di cuenta ya estábamos a unas calles del hotel, pude ver que en la guantera de Alan había una gorra y unos lentes.
- ¿Puedo?- pregunté antes de tomarlos, él asintió y yo me los coloqué, amarré mi pelo en un chongo metiéndolo en la gorra para que no se notara mi pelo y los lentes eran lo suficientemente grandes para cubrir la mitad de los cachetes.
El carro se paró en la entrada de unos edificios que era donde me dirigía pero enfrente de este es