Ciento ventiuno, ciento veintidos, eran los pitidos que había escuchado desde que volví de ese hermoso sueño con mi madre hasta que oí la puerta abrirse y después un fuerte sollozo
- Andrea, amor perdoname- oí la voz quebrada de Alonso y después unas gotas tocaron la piel de mi brazos, estaba llorando.
- Perdoname por no venir a verte en estos días pero estuve muy mal ¿sabes?..- ¿días? ¿Cuanto tiempo llevaba dormida?
- Cuando los doctores me dijeron que te estabas muriendo me sentí morir cont