Se hicieron las presentaciones de rigor, y pasaron al salón a tomar un aperitivo.
Romma observaba a todos y mantenía una actitud serena mientras iba conociendo a los demás. Y de todo el grupo, sólo le parecieron soportables Lorenzo y Francesca, la tía, que había sido muy amable y la recibió con mucho agrado. Un rato después, la atrajo hacia una parte del salón donde no estaba nadie más y le habló.
—Me alegra sinceramente que Sandro por fin haya encontrado alguien que le haga sentar cabeza. Pe