Habían pasado sólo tres días desde la noticia de Analía y Lorenzo no había llamado a su nieto aún. Eso no era nada típico en la actitud de su abuelo, pensó Sandro mientras iba en el asiento trasero del auto, con su chofer al volante. Revisaba unos documentos cuando sonó su móvil y al sacarlo de su bolsillo, vió que era su abuelo.
—Buen día, abuelo. ¿Cómo vas?
—En mi oficina, ahora mismo o antes si es posible.
—Nada me gustaría más, abuelo, pero voy en camino a una junta importante. Nos vemos a