Mara se dijo que había vuelto por los tamales.
La explicación era sencilla, razonable, incluso elegante en su simplicidad: los tamales de Rosa eran extraordinarios, el café de la esquina realmente era mejor que cualquier otro en dos estaciones a la redonda, y ella era perfectamente capaz de cruzar a Brooklyn por algo tan concreto como una buena comida y una mañana distinta.
No tenía nada que ver con Caleb.
Se repitió esa idea mientras elegía la ropa, mientras cerraba la puerta del apartamento,