Caleb no le contó a Jade sobre el mercado.
Y eso, en sí mismo, era significativo.
No porque tuviera la obligación de hacerlo —nadie la tenía—, sino porque Jade era, desde siempre, la persona que terminaba sabiendo todo. No necesariamente en el momento exacto en que ocurrían las cosas, pero sí lo suficiente como para armar la historia completa incluso cuando Caleb decidía omitir partes.
Y esta vez, había decidido omitir.
Le habló de Nathan.
De su caos habitual.
De la botella de whisky.
Incluso d