34. Nuestro propio infierno
Nicolas
Ver a Aprill callada y decaía me traía atado a la calle de la violencia. Me sentía animal, salvaje, con ganas de sangre y no precisamente de cualquiera.
Su padre jamás había sido una persona que me agradara ver, ahora era mejor que ni se atreviera a aparecer porque la poca consideración que le tenía por ser el padre de la mujer que amaba se esfumaría. Aprill sufriría si le pasaba algo, pero sufría más teniéndolo en su vida. Sin el maldito viejo vivo, ¿cuantos problemas se ahorraría? Ta