Aprill
—Quiero que ser el centro de tu maldito mundo. –El sonido de su voz quedo mitigado por el eco del látigo y el ruido sordo contra mi piel. Me escocia la espalda, la piel que el golpeaba sin tregua.
Desconocía el hombre que tenía detrás.
—¿Para qué? –Procure que al hacer esa pregunta mi voz no vacilara pese a la humedad que se acumulaba en mis mejillas
Quería una m*****a razón que justificara que me hiciera daño deliberadamente, sabiendo que el dolor no funcionaba como estimulante para