17. Pequeña valiente
—Aprill. –Escuche la voz de Nicolás como un murmullo lejano
Temí abrir los ojos. Experimentar la profundidad y desconcierto de estar sumergida. El aire me faltaba en los pulmones, pese a tener una bola de oxígeno. Las manos de Nicolás me acariciaron las costillas, deslizándose con suavidad. Impregnándome de él, de su seguridad y protección.
—Mírame.
Pese a mi resistencia, para Nicolás no fue imposible despegar mis manos de él, separándome lo suficiente para verme a los ojos.
—Yo no voy a dej