CAPÍTULO 8.
Capítulo 8
La lluvia seguía azotando los cristales del vehículo, creando una barrera entre ellos y Fernando, que se seguía asomado por la ventana del vestíbulo principal de la casa, con su mirada fija hacia ellos como un juez implacable.
Sofía sentía que el aire le faltaba; la pregunta de Miguel había quedado flotando en el aire, cargada de una promesa de conflicto que ella no estaba segura de poder manejar.
—No —susurró Sofía con la mano aún en la manija de la puerta—. No bajes. Sería... un de