CAPÍTULO 77.
Capítulo 77
El humo del bar parecía más denso que nunca, pero a Miguel ya no le importaba. Había pasado la tarde entera bebiendo en su habitación, repudiando la humillación y el deseo, sintiendo que las paredes del hotel se le echaban encima.
Su mano vendada le latía con un ritmo constante, un recordatorio físico de su propia estupidez. Pero no podía detenerse. Esa mujer, con su máscara y su desprecio, se le había metido bajo la piel como una astilla infectada.
Entró en "El Galeón" con el paso