CAPÍTULO 24.
Capítulo 24
En el pasillo de la clínica Santa María, Miguel caminaba de un extremo a otro, con la camisa blanca húmeda por el agua de la lluvia y restos del té que se había impregnado en su ropa al cargar a Sofía.
Sus manos, las mismas que movían los hilos de la economía del país, temblaban imperceptiblemente. Cada segundo sin noticias era una bofetada a su arrogancia.
Había fallado. Su burbuja de cristal no había sido lo suficientemente fuerte para protegerla.
El sonido de unos tacones rápi