Se despertó a las seis y media.
La ventana este hacía algo que ella no había visto antes.
La luz entraba con el ángulo característico de una clara mañana de mayo, más baja que la de abril, más cálida, y cruzaba el suelo hasta llegar a la pared opuesta de una forma que le mostraba exactamente lo que el dormitorio necesitaba.
Se quedó quieta y la observó.
La luz en la pared no era blanca.
No exactamente.
Era del color de la luz misma cuando llega a un lugar donde es bienvenida.
Reflexionó sobre e