El sábado amaneció despejado.
Una de esas mañanas de mayo que se habían propuesto ser excelentes. Un cielo azul intenso. La luz en el ángulo perfecto. El árbol del jardín bajo la ventana de la cocina, frondoso y con ese efecto de filtrado tan característico de esa cocina, que ella empezaba a comprender.
Estaba junto a la ventana con un café a las siete cuando él llegó.
Oyó su llave en la cerradura.
Le había dado una llave el día que se mudaron.
No como una declaración de intenciones.
Por una cu