—Di algo —dijo Mara, sintiendo el silencio estirarse más de lo que podía soportar.
Dominic la miró un momento más, y entonces algo se rompió en su expresión, no de tristeza sino de una alegría tan pura que el aire se le escapó de los pulmones antes de que él dijera una sola palabra.
—Un bebé —repitió él, casi sin aliento—. Contigo.
—Contigo —confirmó Mara, su propia voz temblando—. Si tú también lo quieres. No tienes que decidir esta noche.
—No necesito más tiempo —dijo él, tomándole el rost