—Bienvenidos —dijo el empleado del hotel, entregándoles dos llaves con una sonrisa profesional—. La suite de luna de miel está lista, con vista directa al mar.
El cansancio del viaje se disolvió casi de inmediato, reemplazado por una emoción pura que no esperaba sentir después de catorce horas de vuelo. —Gracias.
Dominic le tomó la mano mientras seguían al botones hacia el ascensor, su pulgar acariciando distraídamente sus nudillos, un gesto que se había vuelto tan natural entre ellos que Mara