Llegaron a casa a las cuatro.
El apartamento tenía su ambiente típico de tarde de septiembre. La luz que entraba por la ventana este a esa hora era un ámbar tenue, propio de un día que se acercaba al atardecer, de esos que hacían que cada superficie de la sala principal pareciera cuidada y cálida.
Se quedó en el umbral y lo observó.
La planta junto a la ventana sur.
Siete hojas y una octava que empezaba.
Los libros en la pared norte.
La lámpara.
La mesa cerca de la ventana.
Todo estaba presente