—Voy a ir mañana —dijo Mara, dejando el teléfono sobre la mesa, su voz más firme de lo que se sentía por dentro, sus manos todavía temblando ligeramente sobre su regazo.
Dominic se acercó de inmediato, sentándose junto a ella. —Voy contigo.
—No tienes que hacerlo —dijo Mara—. Es mi madre. Esto es algo que necesito enfrentar yo sola, sin importar lo asustada que estoy de lo que pueda decirme.
—Lo sé —dijo él—. Pero después de todo lo que has hecho por mí este año, no voy a dejarte enfrentar es