El cielo nocturno estaba despejado, salpicado de estrellas que apenas se distinguían por las luces lejanas de la ciudad. Arzhel había insistido en llevarme a un restaurante pequeño, casi escondido entre colinas fuera del bullicio. El lugar era pintoresco, con luces cálidas y una terraza que ofrecía una vista tranquila del paisaje. Nada llamativo, pero perfectamente elegido para evitar miradas indiscretas.
A pesar de todo, mi mente seguía dividida. Desde la conversación con Teresa esa tarde hast