La luz del sol se colaba por las grandes ventanas de la oficina, iluminaba las sillas perfectamente alineadas frente al escritorio de papá, en la sala de juntas. Me senté en una de ellas, cruzando las piernas y observando cómo él revisaba unos papeles, con esa expresión concentrada que siempre tenía cuando algo ocupaba su mente. No había pasado mucho tiempo desde que llegué, pero ya podía sentir la tensión en el ambiente, como si algo lo estuviera preocupando más de lo que deseaba admitir.
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